Fase de miedo, fase de ira...
triste abandono que
me domina, me acosa,
me asalta...
me pone navajas en la garganta;
me ayuda a levantar y me levanta,
me mira por encima,
del hombro y
de soslayo, que aquí
como decía mi abuelo
(bendito esté todo él en el cielo)
cada uno hace... de su capa un sayo.
Y de nuevo me vence,
me acogota, me tira al suelo y
me derrota,
se ríe...(y no poco) y bien
a gusto;
de mi suerte y mi disgusto,
de mi cara de idiota,
de las fuerzas que me fallan,
de la rabia que rebota
revolviendo así mi pecho,
humillando mi alegría,
destapando frases, juegos
que aprender me gustaría (a)
olvidar hace nueve años
en las faldas de María...
De María o de Almudena,
o como coño que fuera
que se llamaba la nena
que de todo menos pura,
bendita, risueña, jovial y buena,
tenía atado
en racimo de virtudes
(a la puerta del colegio
entre bancos y orugas... mochilas y pinos)
escondido a la sombra
de indiscretas multitudes.

